09 noviembre 2007

Michele y Maurizio Conti, la herencia de un artista



Michele Conti nace el 5 de Febrero de 1931 en Turín, a pies de la colina de Superga, allí crecerá junto a su padre originario de Turín y su madre francesa. Con 25 años de edad contrae matrimonio y en 1959 nace su hijo Maurizio que aún hoy en día continua con el trabajo de su padre en la construcción de modelos de automóviles artesanales a escala 1/10.Pero volvamos a la vida de Michele, que empieza a construir sus primeros modelos de Jeeps, con una temprana edad después de ver desde su ventana pasar los soldados del ejército americano en la segunda guerra mundial. Después de acabar los estudios se incorpora como diseñador a la empresa más prestigiosa de carrocerías de Turín, el Stabilimenti Farina, para más tarde pasar a Pininfarina y finalmente acabar en Guia. En aquellos tiempos todo se construía a mano, y Michele se encargaba de construir diferentes partes interiores y exteriores de las carrocerías.

En 1954 a consecuencia de una crisis en Guia el ingeniero Savonuzzi propone a Michele trasladarse a USA para trabajar en Crysler, con un sueldo considerable, pero él no quiso dejar la ciudad que amaba, llevaba 10 años trabajando siempre cerca de su casa.

Empieza una nueva etapa de trabajar por su cuenta como automodelista, al principio no tiene muchos clientes pero cuenta con el apoyo de sus padres. Empieza a hacer los primeros contactos y a salir publicados los primeros artículos de sus trabajos. También es invitado frecuentemente a ferias de modelismo y es en estas ferias donde empiezan a aparecer los primeros pedidos. Empezó a construir muchos modelos para Ecurie Flandes, y a consecuencia de ello nació en Paris un club internacional dedicado a los automóviles en miniatura.


Durante una exposición en 1960 en Paris, en el stand de Renault, conoce a Pierre Bardinon, que se convirtió en un cliente apasionado y también en un amigo. Lo que empezó como una relación de trabajo acabo como una gran amistad y más de 45 modelos de Michele y Maurizio, que guarda celosamente Pierre en su museo castillo cerca de Aubusson.

Michele tenía un carácter muy reservado, tímido y sencillo, siempre disponible para su familia. Aunque se dedicaba en cuerpo y alma a su trabajo siempre buscaba un espacio para ir con sus amigos y familia a pasar el día a las montañas.

Los años 70 y 80 fueron los mejores de su carrera, sus modelos habían alcanzado un alto grado de detalle y fue durante este tiempo cuando salieron de su laboratorio los modelos más bonitos para los coleccionistas y las casas de autos.
El 2 de febrero de 1959 nace su hijo Maurizio, aquel día, Turín la cubría una capa espesa de nieve, y sería la nieve la que acompañaría siempre la vida de Maurizio. En la nieve aprenderá a dar sus primeros pasos, y a los 4 años de edad empezaría a practicar una de sus grandes pasiones: el esquí.
Al mismo tiempo Michele llevaba a su hijo a ver los grandes premios, donde conoce los diferentes coches y pilotos como Andretti, Ickx, Merzario y Bandini.
Empieza los estudios y se empieza a apasionar por el mundo del motor, observa el trabajo de su padre y lo acompaña cuando visita Ferrari, Abarth para hacer fotografías o tomar medidas, o el recuerdo de la visita a Lancia con el Stratos de Munari, acabado de llegar del rally de Montecarlo aún con olor de competición.



Durante estos años también corre en competiciones de enduro y en rallyes de coches, obteniendo sus mejores triunfos sobre nieve. Al mismo tiempo durante estos años Maurizio construye más de 1500 coches a escala 1/43.

A principios de los 90 empiezan los primeros problemas de salud para Michele, los clientes se quejan del largo plazo de entrega, y él está cada vez más débil. Maurizio, siempre cerca de él, le ayuda a acabar estos tres últimos trabajos, el Ferrari 500 TRC, 166 MM y un 312P.

Desgraciadamente en Agosto de 1996 muere Michele Conti en una clínica de Turín, dejando a Maurizio una herencia profesional fascinante. Maurizio además de la pena por la perdida de su padre tiene que afrontar la cancelación de los pedidos de coleccionistas que solo quieren compra modelos de Michele Conti. Afortunadamente Pierre Bardinon le da un voto de confianza y Maurizio puede demostrar todas sus habilidades construyendo modelos, a veces superiores a los de su padre. Construye el Ferrari California Spider, el 335, el AC Cobra y un 166 absolutamente fantásticos. Los coleccionistas toman conciencia de sus habilidades y empieza a recuperar clientes que habían desconfiado.

En la actualidad Maurizio continúa trabajando en su pasión, compartiendo el tiempo con su afición por el deporte blanco y la bicicleta de montaña. Vive en Turín, al pie de la colina de Superga, en el mismo lugar donde su padre Michele había trabajado durante 50 años.



Texto: Francisco Pulido

Fotos: Maurizio Conti, Todd R. Lockwood

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